A LA BÚSQUEDA DE LOS VISIGODOS
De época visigótica se nos han conservado en la península unas cuantas iglesias que constituyen, junto con algunas interesantes muestras de orfebrería, la mejor manifestación del arte de este pueblo. Mi particular interés me ha llevado a recorrer la península buscando esas iglesias, a veces puras ruinas, en otros casos con muchos añadidos y reconstrucciones posteriores. Pero todas igualmente interesantes. No hay muchas y están bien dispersas por nuestra geografía, pero verlas sin prisas merece la pena: es retrotraerse a otro tiempo, a una dinámica de la vida bien distinta de la nuestra, literalmente a la Alta Edad Media.
Llegué a El Campillo (en Zamora) a eso de las seis de la tarde. Pleno mes de julio en un pueblo de muy escasos habitantes. La carretera lo cruza y te saca de él casi sin darte tiempo para decidir hacia dónde ir. Pero antes de entrar al pueblo ya se divisa la iglesia, en las afueras, casi al final. He llegado a San Pedro de la Nave, edificio paradigmático de la arquitectura visigótica, trasladado aquí hace ya casi ochenta años, para salvarlo de las aguas de un pantano en construcción.Una iglesia de planta compleja: combina la cruz griega con la estructura basilical. Tiene un crucero y una capilla mayor, de testero plano, así que semeja también una cruz latina. Sobre las razones de esta organización del espacio no hay acuerdo entre los especialistas. Para unos, se trataría de un error durante la construcción, que obligó a un replanteo de la edificación; para otros, la extraña planta obedece a los distintos usuarios del templo: de un lado, los miembros de una comunidad monacal, que ocuparían la zona más próxima a la cabecera; de otro, los fieles de la zona, que acudirían a las misas y demás ceremonias religiosas.
No importa, a fin de cuentas. Aquí están visibles el maravilloso uso de los sillares colocados en seco, el empleo de un módulo constante (la vara o grado, de 80 cm.), el hermoso arco de herradura, esas naves anteriores al crucero y esos espacios que lo continúan y que han sido tan debatidos (¿son celdas para los monjes?, ¿son sacristías?). Y puedo ver también esas ventanitas tríforas, precedentes directos de las del arte prerrománico, mientras los turistas entran y salen con prisas, dedicando a la iglesia una media de cinco minutos. No reparan apenas en los cimacios, en los capiteles con esas escenas impresionantes del sacrificio de Isaac y de Daniel en el foso de los leones. No ven los frisos decorados, con roleos, con motivos vegetales; el caballero con su perro, esas aves que simbolizan a los bienaventurados, los apóstoles que pecaron en alguna forma contra Cristo y fueron perdonados (Pedro, Pablo, Felipe y Tomás). El mimo ingenuo del tallador de relieves, que no supo representarnos unos fieros leones y los coloca mansamente bebiendo..
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Me marcho, pero sé que otra iglesia visigoda me está esperando. es ya la última que me queda por ver... a no ser que se descubra otra nueva. Con los visigodos, nunca se sabe.
He aquí una interesante descripción de la iglesia y de su proceso constructivo, con buenas fotografías. Del mismo tenor son esta página sobre el románico zamorano y esta otra, sobre el arte prerrománico. Y, como siempre, desde la página de románico aragonés, se ofrecen interesantes fotografías y una correcta descripción del templo. Por último, en esta revista electrónica se analiza el programa iconográfico de la iglesia. Y como contribución personal, esta presentación que sintetiza en imágenes esta maravilla arquitectónica.
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